LaJugadaFinancieraPor aquellos años, más o menos sobre el mes de noviembre, se realizaba el sorteo de los reemplazos del servicio militar del año siguiente y en el que tu fecha de nacimiento, tomaba importancia vital, ya que era la referencia para decidir qué destino militar tendrías según el mes de nacimiento.

Era casi como una lotería nacional y en la que unos pocos afortunados, gozaban de una amnistía militar librándose del mismo por excedente de cupo, de un año de incertidumbre, cambio total de hábitos, posible cambio de residencia y porque no decirlo quizás un cambio en tu carrera como futbolista.

Otros sin embargo, como fue mi caso, no tuvimos tanta suerte y mi rumbo deportivo quedaba en el aire sin saber donde tendría que continuar jugando al fútbol.

El azar quiso que mi destino militar fuese la ciudad de Burgos, donde, si alguien del club no ponía remedio, me pasaría 12 meses de mi vida haciendo no se qué. Además era algo habitual que el club solucionara a la mayoría de jugadores el tema del destino militarSituación que yo ya conocía, pero como era uno de los asuntos pendientes que tenía con la dirección técnica del club, todavía albergaba esperanzas de que desde can Barça solucionaran ese asuntillo de cambio de destino.

Que casualidad que no tuve esa fortuna, ya que según me comunicaron en el club, todos los cambios de destino posibles por la entidad estaban cubiertos y no podían hacer nada en mi caso. Algo que me hizo pensar que ni tan siquiera lo intentaron, o mejor dicho, dieron prioridad a otros casos mas interesantes para ellos, así que a pesar de mi falta de confianza a sus palabras no tuve más remedio que resignarme, no sin creer que no solo no les importaba demasiado como jugador, y sabiendo que otros compañeros con menos curriculum, realizarían su mili cerca de su casa pudiendo continuar en el club. En detalles como este es donde las influencias juegan un papel importante y mas en un mundo como el del fútbol, con tanta falsedad e hipocresía.

Eso si, para mi consuelo, dijeron que hablarían con la directiva del Real Burgos para que pudiera incorporarme a la disciplina de ese club, que entonces militaba en la categoría de plata del fútbol español, algo que ciertamente aliviaba un poco mi tremenda decepción y alimentaba la posibilidad de jugar en segunda división casi de rebote. Aunque tuve la impresión de que me quitaban del medio y de que se habían olvidado muy rápido de lo hablado antes de recalar en la DAMM, ya que una de las condiciones de mi citada cesión fue lo de mi destino militar. Les hubiera sido más sencillo darme la baja en el club, algo que me habría resultado mas lógico dada mi situación en aquel momento y teniendo en cuenta el amplio catálogo de jugadores.

Así que el día 27 de julio del año 1987, en la estación de tren de Sants, con una bolsa de ropa y un montón de dudas y cuestiones sin resolver, puse rumbo hacia una ciudad de Castilla y León, que conocía mas bien poco, y conocida por su maravillosa catedral de estilo gótico y sus intensos y fríos inviernos, además de su rica gastronomía entre otras cosas.

El viaje hacia Burgos fue un continuo pensar en mi futuro como jugador, en mi familia, amigos y en todo lo vivido hasta ese día y en la de veces que había superado situaciones adversas. Pero mi cabeza estaba puesta en lo que me encontraría allí, en como desenvolverme en ese ambiente tan diferente al mío y en el momento de poder incorporarme a mi nuevo club, algo que realmente deseaba hacer cuanto antes.

A mi llegada al destino, el trayecto que separaba la estación de tren de Burgos, hasta mi entrada al cuartel, no dejaba de pensar, porque me veía obligado a estar allí un año en contra de mi voluntad, que era un paso atrás en mi cada vez más dudosa carrera como futbolista, y que daría lo que fuera por no vivir ese mal trago.

A primeros de agosto y ya formando parte de ese “maravilloso” ejército español, nos pasábamos las mañanas desfilando y ensayando una y otra vez la inminente jura de bandera. Preguntándome cada día que pasaba en ese cuartel que hacia yo allí, si se trataba de alguna broma pesada de mi subconsciente, y que de un momento a otro me despertaría y todo habría sido un mal sueño.

Una vez más mi situación había cambiado radicalmente en un par de meses, del balón al fusil.

Servicio militar futbolistas

Por las tardes, intentaba cuidar mi estado físico saliendo a correr y jugando partidos de fútbol con mis compañeros del cuartel, lo que me servia para ir conociendo a la gente que me rodeaba y desahogar mis ganas de empezar a jugar y entrenar mas seriamente.

Una de tantas mañanas interminables, que nos pasábamos en el patio desfilando y en medio de un descanso, delante de todos mis compañeros reclutas escucho mi nombre en voz alta de voz de uno de los mandos, ante la curiosidad del resto de personas allí presentes. Uno de ellos se identifica como directivo del club y me pregunta si yo soy el jugador del Barça del cual le han dado referencias y que si me interesaría jugar en el Real Burgos, así que me citaron por la tarde en las oficinas de la entidad para tratar el tema.

Aquella noticia me supuso una inmensa alegría ya que apenas acababa de llegar al cuartel y ya tenia buenas noticias, parecía que todo empezaba a aclararse.

Por la tarde, me presenté impaciente en las oficinas para tener una charla con aquellas personas, pero cual fue mi sorpresa al escuchar que me querían para el equipo B del club, que el primer equipo requería de plena dedicación y que yo siendo militar querría irme de permiso, como había sucedido con otros jugadores militares. Una afirmación que yo no compartía pero que era la que ellos sostenían, además no me dieron opción a réplica, o aceptaba la propuesta del equipo b que militaba en una categoría muy inferior, similar a la preferente catalana o tendría que buscarme la vida para poder jugar, les dije que les daría una respuesta en un par de días.

Así que allí acabó la charla y mi corta relación con esa entidad algo incomprensible y extraño, teniendo en cuenta el interés mostrado por su parte.

Vuelta a empezar, ante uno de mis años mas cruciales a nivel deportivo, en un mundo que no era el mío y encima sin un equipo donde jugar. Al final no acepté la oferta, por llamarlo así, del club de esa ciudad, mas por impulso y desilusión que otra cosa y sin tan siquiera pensar donde jugaría, así que me marché muy confuso y otra vez con una sensación de no tener nada claro mi futuro allí.

Fuente : http://lajugadafinanciera.com/

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