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Foto: Alejandro Mateos (VAVEL)

El considerado mejor futbolista de la historia pasó sus dos primeros años europeos en el FC Barcelona, en los que mostró magia y temperamento a partes iguales. La síntesis de aquellas temporadas 82/83 y 83/84 permitirá valorar su periplo español.

El 4 de junio de 1982 en las oficinas del Camp Nou estamparía su firma en el contrato que lo uniría al FC Barcelona, quien, tras sus exhibiciones en los torneos argentinos y principalmente su liderazgo en la selección albiceleste, era considerado, a sus tempranos 21 años, el mejor futbolista del mundo. Josep Lluis Núñez, presidente del club catalán, ansioso por volver a ganar la Liga y así poder aspirar a levantar por primera vez la deseada Copa de Europa, movía ficha y concretaba el fichaje más caro de la historia del fútbol hasta la fecha.Diego Armando Maradona, en aquel entonces el Pelusa o el 10, hoy Dios, firmaba por el FC Barcelona un contrato de seis años de duración.“Por más que juegue muy, muy bien, es impagable lo que se ha invertido por mí”. El mismo astro argentino se sentía abrumado.

Firma de contrato (foto:mundodeportivo)
Firma de contrato (foto:mundodeportivo)

La situación a su llegada

En la recién finalizada temporada 1981/82, la escuadra barcelonista dirigida por el laureado entrenador alemán Udo Lattek, había ganado la Recopa de Europa tras vencer en el Camp Nou por dos goles a uno al Standard de Lieja, en la noche del 12 de mayo de 1982. Pero paralelamente se había precipitado del primer puesto de la tabla clasificatoria en el campeonato liguero en las últimas jornadas, en gran parte debido al desánimo que contagió al grupo el secuestro de uno de los delanteros titulares, el ovetense Quini.

Nuevos fichajes (foto:cathonys)
Nuevos fichajes (foto:cathonys)

Con el alemán Bernd Schuster en sus filas, por entonces uno de los mejores centrocampistas europeos y quizá el de mayor progresión, el presidente quiso echar el resto por la estrella sudamericana del momento, juntando así en su plantilla a las dos principales figuras emergentes. Con ello pretendía, prioritariamente, hacer frente en la Liga al vigente y por segundo año consecutivo campeón, la Real Sociedad, y al subcampeón, el Real Madrid de Alfredo Di Estéfano, e intentar, batalla a batalla, conquistar Europa. Tras unas durísimas negociaciones, en las que los anteriores clubes de Diego, Argentinos Juniors y Boca Juniors, tenían voz y debían recibir dividendos del suculento traspaso, el atacante argentino pudo dar el que, a priori, parecía el paso definitivo en su carrera, ya que la dimensión e importancia de una entidad como el FC Barcelona ofrecía todo lo que cualquier futbolista pudiera desear para alcanzar su cénit.

Aterrizaba una mente díscola, desvergonzada, ilusionada y cargada de sueños de grandeza

1.200 millones de pesetas fue el precio final de la compra. Una maleta cargada de billetes marchaba, a cambio aterrizaba una mente díscola, desvergonzada, ilusionada y cargada de sueños de grandeza. Un joven futbolista que abandonaba su fuerte arraigo para cruzar el océano e intentar triunfar con lo suyo, un balón en los pies, en el nuevo continente, en la ciudad más cosmopolita de España.

Los dos extranjeros (foto:renaldinhos)
Los dos extranjeros (foto:renaldinhos)

Maradona llegaba así bajo una gran presión. Al peso de un traspaso sin parangón, se le unía la responsabilidad de comandar a los suyos a fin de conseguir el único título que faltaba en las vitrinas azulgranas y la difícil labor de hacer olvidar al futbolista que sustituía con su llegada. Allan Simonsen, Balón de Oro de 1977, el extremo danés que recomendó el fichaje del propio Lattek a la directiva un año antes como sustituto de Helenio Herrera, era muy querido en Barcelona dado el compromiso mostrado así como el inacabable talento ofrecido desde su llegada al club. La normativa vigente permitía la sola inscripción de dos extranjeros. Siendo fijo Schuster, por influencia y previsión de futuro, Simonsen, ya con 30 años,  fue el damnificado. La inmadura personalidad de un joven Diego debía soportar todas esas cargas. Circunstancias a las que se unirían las propias de un vestuario y el desconocimiento y las particularidades de una liga distinta a la sudamericana.

Trío de ases (Foto:diariole)
Trío de ases (Foto:diariole)

En el momento de la contratación el Pelusa ya lideraba la Selección Argentina, que en aquéllas se concentraba en la misma Ciudad Condal, ya que, de la mano de César Luis Menotti, era uno de los combinados participantes en el Mundial de España de 1982 del que Barcelona era ciudad sede.

En el campeonato del mundo de selecciones sub-20 disputado en Japón en 1979 y ganado por el grupo argentino, Maradona había explotado. Destacado como mejor futbolistas del torneo, en el cual finalizó con seis goles y una larga lista de excelentes demostraciones, el Pibe de Oro se había convertido en un fijo en las convocatorias de la absoluta. En 1982, con permiso específico del técnico, el 10 abandonó temporalmente la concentración nacional para rubricar el acuerdo con el FC Barcelona.

Con la Selección (foto:labombonera)
Con la Selección (foto:labombonera)

La copa del mundo del año 82 no resultó beneficiosa para los argentinos, que cayeron en segunda ronda ante la poderosa Italia, con la figura estelar del delantero Rossi. Con un plantel de enorme potencial que exhibiendo un fútbol extraordinario había conquistado el anterior mundial, disputado en el año 1978 en Argentina, con integrantes como Jorge Valdano o Mario Kempes, y potenciado con las artes de Maradona, que no fue convocado para la anterior cita por el mismo Menotti al considerarlo demasiado joven, Argentina se despedía antes de lo esperado.

“Una de las experiencias más dolorosas de mi vida fue excluir a Maradona del Mundial 78”. Con estas declaraciones compensó Menotti su decisión de llevar a Omar Larrosa en lugar del joven de 17 años Diego Maradona, pretextando su inexperiencia en torneos de ese nivel y la seguras próximas convocatorias nacionales de quien él mismo auguraba como el futuro mejor jugador del mundo.

En lo colectivo, un fracaso. Pero en el plano individual Maradona creció enormemente a lo largo del campeonato. Las eliminatorias previas a la fase final permitieron exhibiciones continuadas del Pelusa, que alcanzó categoría de ídolo mundial catapultado por el vistoso juego propio y de sus compañeros. Tras la pareja de delanteros antes citada, actuando como media punta pero con una influencia absoluta en toda la zona central del campo, Maradona dirigía las operaciones desde el terreno. Menotti ya no dudaba de su capacidad y le dejaba hacer. El entrenador que con su no convocatoria generase en un adolescente Diego la primera gran desilusión futbolística, estaba ahora siendo fiel colaborador e insustituible consejero y guía de los iniciales pasos de gigante del mejor jugador de todos los tiempos.

con Menotti (foto:clarin)
con Menotti (foto:clarin)

“Ese día, el más triste de mi vida, juré que iría a por la revancha”. Parecía ir en serio Maradona cuando hizo tales declaraciones al quedar fuera del Mundial 78. Paso a paso iba camino de dominar el panorama futbolístico en la década de los 80.

Quizá el primer gran partido de consagración de Maradona al máximo nivel internacional se disputó en ese mundial. El 4-1 sobre Hungría en la primera fase sería un recital de lectura de juego, técnica y verticalidad. Influencia en estado puro. El segundo y tercer gol obras de él no harían más que concretar estadísticamente lo exhibido por el 10.

Temporada 1982/83, su primer año en Barcelona

Maradona se enfundó por primera vez la camiseta rayada en azul y rojo granate en un amistoso disputado el 5 de agosto de 1982 en Alemania contra el débil Meppen, anotando su primer gol desde el punto de penalti para contribuir al 5-0 final.

Ante sus seguidores el ídolo argentino se presentó el 24 de agosto, en un nuevo amistoso contra el Internacional de Porto Alegre, con resultado final de empate a cero.

El debut en partido oficial coincidiría con la jornada inicial de la temporada. Los azulgranas viajaron a la Comunidad Valenciana para enfrentarse el 4 de septiembre de 1982 al conjunto de la capital. El final del encuentro le dejaría un sabor agridulce, ya que pese a ser el autor del gol que abriría el marcador y disputar todo el encuentro, el Valencia de Mestre consiguió remontar e imponerse por dos goles a uno a la conclusión.

Maradona en velocidad (foto:youtube)
Maradona en velocidad (foto:youtube)

Oficialmente en el Camp Nou y el primer Clásico

Los aficionados azulgranas colmaron las gradas en la segunda jornada liguera para ver por primera vez de manera oficial la frondosa melena del Pelusa. El 11 de septiembre el conjunto de Lattek arroyaría al Valladolid. Con apenas tres partidos oficiales disputados Maradona ya se sentía líder, bailaba sobre las pistas y sus compañeros se aprovechaban de ello. Su segundo gol lo conseguiría de penalti, participando así también cuantitativamente en el tres a cero final.

Una alineación tipo (foto:pesstatsdatatabare)
Una alineación tipo (foto:pesstatsdatatabare)

El siguiente encuentro llegaría cuatro días después, principiando con él la competición Europea que le tocaba disputar al FC Barcelona ese año al haber finalizado quinto en la campaña anterior, la Recopa de Europa. Con la intención de revalidar el título, Udo Lattek no dudó en apostar por sus mejores futbolistas desde el primer encuentro, pese a la aparente sencillez del rival, los chipriotas de Apollon Limassol FC. En la misma semana la afición catalana disfrutaría de una nueva goleada y de un paso más de Maradona en su ambición por conseguir los retos. El resultado final fue una victoria por ocho goles a cero. En el partido, el Pibe de Oro dejó su primera exhibición futbolística, anotando un “hat trick” y permitiendo que el sistema en 4-3-3 que instauró Lattek, en el que actuaba como media punta y enlace detrás de la pareja habitualmente formada por Carrasco y Quini, pareciera engranar a la perfección.

Le gustaba mostrar sus excelsos atributos ante los rivales de más enjundia, alimentando con ello su ego y exhibiéndose ante la crítica internacional

Las jornadas transcurrían y el equipo funcionaba bien en general y brillante por momentos. Cuando Maradona decidía influir lo hacía. Siempre prefirió a los equipos de primerísimo nivel. Le gustaba mostrar sus excelsos atributos ante los rivales de más enjundia, alimentando con ello su ego y exhibiéndose ante la crítica internacional. El Real Madrid de Di Estéfano fue durante su primera temporada la víctima preferida.

Contra Real Madrid (foto:abcdlogr)
Contra Real Madrid (foto:abcdlogr)

El primer enfrentamiento del año contra el máximo rival se produjo en la fría noche invernal del 27 de noviembre. Ante un equipo con futbolistas de la talla de Stielike, Santillana o el mítico Juanito, y en un campo notablemente afectado por la lluvia, Diego brilló más que nunca. Dominó la zona media en todo el ancho del campo, bajó a recibir para construir cada jugada, evadió su férrea marca acción tras acción, imprimió velocidad a las transiciones ofensivas y acabó el encuentro con dos asistencias de gol en su haber, que permitieron los goles sus compañeros Esteban Vigo y Quini. Su primer clásico acabó con un 0-2, y los hinchas del Santiago Bernabeu echándose las manos a la cabeza mientras pensaban que con Maradona rindiendo a ese nivel la supremacía blanca y el segundo plano en el que parecía haberse situado el FC Barcelona en los últimos años podría variar en los venideros.

La enfermedad frena su ascensión

La primera gran ausencia del Pelusa se produjo en el mes de diciembre de ese año de 1982. El FC Barcelona llegaba a la fecha 14 habiendo perdido únicamente el partido que abrió el campeonato. El 17 de diciembre le fue diagnosticada una hepatitis, especulándose, ya que el pronóstico era reservado, con que estaría entre uno y dos meses fuera de las canchas.

” El accidente de la mujer de Krankl, luego el secuestro de Quini, la lesión de Schuster y ahora la enfermedad de Maradona. Nuestros jugadores tienen que mentalizarse para saber jugar sin él”. El presidente temía que el sistema se desmoronase sin la estrella e intentaba, a su manera, dar ánimos a los jugadores.

durante un partido (foto:pinterest)
durante un partido (foto:pinterest)

Finalmente la enfermedad acabó apartándolo durante 14 partidos de liga, los dos de la Supercopa de Europa y tres de Recopa. La siguiente jornada, ya sin Diego, llegó la segunda derrota de la temporada, tanto más sangrante cuanto que se produjo en el Camp Nou contra quien esa temporada ya se postulaba como principal rival liguero, el Athletic de Bilbao de un naciente en los banquillos Javier Clemente, cayendo por 0-1. El posterior juego se volvería a perder. Un partido perdido en 14 jornadas con Maradona y dos derrotas en otros tantos encuentros sin él era el balance inmediato de los de Udo Lattek. La cosa parecía grave, o difícilmente controlable.

Derrota europea, caída de Lattek y llegada de Menotti

Las variantes usadas por Udo en lugar del argentino no lograban asentarse. Marcos y  Pichi Alonso, fichados al inicio de campaña, o Morán, jugadores con características diametralmente opuestas a la que la figura del enganche demandaba, fracasaron en sus intentos. Pese a ello, el elevado potencial de la plantilla permitió que en el campeonato liguero el equipo se repusiera y estabilizara resultados, ganando y empatando partidos y logrando equilibrar su juego en ausencia de la figura argentina.

En la ronda europea no se corrió la misma suerte. A finales del mes de enero se disputaría la Supercopa de Europa. El FC Barcelona, como campeón vigente de la Recopa, se vería las caras contra el Aston Villa inglés. En el partido de ida los azulgranas vencieron por un gol a cero, pero la vuelta, disputada el 26 de enero de 1983, se saldó con una contundente derrota por tres goles a cero.

Diego y Udo (foto:mundodeportivo)
Diego y Udo (foto:mundodeportivo)

Afectado por los resultados, tras un año y medio al frente del equipo, el mando de Udo Lattek perdía fuerza. Durante este tiempo, principalmente en su temporada inicial, el entrenador alemán tuvo sus más y sus menos con la principal estrella del equipo, Bernd Schuster. Los problemas se acrecentaron con la llegada de Maradona, ya que los estrictos y ordenados métodos germanos de Lattek chocaron frontalmente con la ligereza de modos del carácter argentino del crack.

” Mis problemas fueron exclusivamente con Maradona, no con el entorno. Él no estaba acostumbrado al trabajo duro”. Udo Lattek.

Mientras todo fluyó el efecto fue menor, pero a medida que el barco tuvo que remar a sotavento las disputas contra los dos principales futbolistas pesaron demasiado en el ambiente, principalmente en la mente de los mandamases del club. La siguiente derrota, en la jornada 26 contra el Racing de Santander como locales, produjo el despido del entrenador.

” Una vez tuvimos un problema con la hora de llegada de Maradona al autobús. Los jugadores aplaudieron mi decisión, pero él se quejó al presidente, dijo que con Lattek no podía trabajar. Dos semanas después de eso yo estaba destituido”. Éstas fueron las ulteriores declaraciones del ya ex entrenador azulgrana, primando la responsabilidad de su destitución al crack sobre los resultados del equipo.

Uno de los principales valedores de Maradona a la hora de su fichaje por el conjunto de la Ciudad Condal fue sin duda el técnico argentino César Luis Menotti. En el año 1978, cuando Diego ya era seguido por Núñez y sus ojeadores, se pidieron informes al técnico, quien, sin dudarlo, avaló su contratación como segura. Desde la finalización del Mundial de España 82 Menotti estaba sin equipo. Mucho se dijo que a expensas de una futura y pronta llamada de la entidad catalana. Lo cierto es que nada más caer Lattek la primera opción fue él. Maradona estaba encantado con la venida del Flaco, con quien de seguro no tendría los problemas de entendimiento que acaecieron con su predecesor.

Menotti, Schuster y Maradona (foto:pasiónfútbol)
Menotti, Schuster y Maradona (foto:pasiónfútbol)

Vuelta a los campos, de la mano de Menotti

Ya con el técnico argentino a cargo del equipo Maradona volvió a jugar, una vez superada su enfermedad. Su regreso se produjo en el 1-1 contra el Real Betis Balompié, el 12 de marzo de 1983. Ni el estreno del míster ni la reaparición del crack fueron especialmente exitosas. Al empate contra los andaluces se le uniría varios días después, el dieciséis del mismo mes, una nueva igualada a uno en el Camp Nou contra el Austria de Viena. Este resultado dejaba fuera a los azulgranas de la Recopa, al haber empatado en feudo visitante a cero goles en el partido de ida. La situación debía de ser enderezada con premura, dado que con el equipo lejos de la cabeza de la clasificación y fuera de Europa los ánimos estaban afectados y todo podía pasar.

El Clásico 82/83 (foto:sport)
El Clásico 82/83 (foto:sport)

Afortunadamente una goleada a domicilio por cero a cuatro contra el Celta de Vigo y la inmediata llegada del Real Madrid calmaron la tempestad. Para la fecha 30 la escuadra blanca visitaba el templo barcelonista. Aquel 26 de marzo el conjunto azulgrana en general y Maradona en especial volvieron a demostrar que al menos en los duelos particulares, la temporada 1982/83 sería catalana. Diego volvió a ser líder, ya lejos de sus mermas físicas, anotó el gol que elevaría el empate y colaboró así en la victoria final por dos goles a uno. Un resultado balsámico para César Luis Menotti y, de camino, para Núñez. Un analgésico para la afición.

Final de Liga y los dos primeros títulos nacionales

El equipo de Menotti comenzó a funcionar. La idea de fútbol de ataque propuesta por el argentino iba tomando forma. Maradona seguía siendo la pieza insustituible del sistema, el nexo necesario para que centro del campo y vanguardia no perdieran relación. Con el cambio de entrenador y la larga ausencia del crack, entre otros factores, el resultado final en Europa y en el campeonato liguero no fue el esperado por la directiva. El Athletic de Bilbao se hizo con el título y el FC Barcelona finalizó en cuarta posición, con 44 puntos, a 6 de la cabeza, y tras Real Madrid y Atlético de Madrid.

Levantan el título (foto:thonysblaugrana)
Levantan el título (foto:thonysblaugrana)

Pese a ello, los azulgranas acabaron ligeramente conformes con el año futbolístico, ya que lograron alzarse con los dos títulos nacionales que se disputaban en las últimas fechas: la ya extinta Copa de la Liga y la Copa del Rey. La satisfacción fue considerable, dado que en ambos torneos el rival al que se venció fue el Real Madrid.

Copa de la Liga

El trofeo se llevó a cabo desde el 12 de junio de 1983 hasta el 29 del mismo mes. Tras dejar atrás a Sporting de Gijón y Atlético de Madrid, los azulgranas se vieron las caras con el Real Madrid. La ida se disputaría en el Santiago Bernabeu el 26 de junio. Aquella noche sería recordada como una de las más gloriosas de Maradona en España. Su tanto, superando al portero Juan José con un quiebro en velocidad y amagando ante el central en plena línea de gol, que significaría el 0-2 en el marcador, sería aplaudido por los seguidores blancos de manera casi unánime. El partido acabaría con empate a dos goles, quedando todo abierto para el Camp Nou.

Sólo tres días después sería el desenlace. El marcador lo abriría nuevamente Diego Armando Maradona, en el minuto 19 de juego y desde el punto de penalti. De los cuatro clásicos disputados hasta el momento el argentino había conseguido marcar en tres de ellos. Concluyó el duelo con un 2-1 favorable a los de Menotti, quienes levantaron el primer título.

Copa del Rey y clausura de la temporada

La victoria supondría el veinteavo título copero para el FC Barcelona. Habiendo dejado en la estacada al pasado campeón de Liga, la Real Sociedad, y al recién estrenado vencedor Athletic de Bilbao, la competición se decidiría en la Romareda contra el primer equipo de la capital de España. Los goles de Víctor Muñoz  y Marcos Alonso, ambos a pase del Pelusa, que fue trascendental durante los 90 minutos, sentenciarían nuevamente al Real Madrid. El 4 de julio de 1983, el conjunto azulgrana cerraría la temporada con dos títulos.

Al finalizar el año futbolístico, y pese a su ausencia de considerable duración, Diego Maradona fue elegido mejor jugador de la Liga. El 10 acabo con unas estadísticas que ascendían a 20 partidos jugados y 11 goles anotados. Los objetivos buscados por Núñez en su contratación no habían sido alcanzados, pero su progresión en la primera experiencia europea parecía no haberse visto perjudicada, lo cual era grata señal para pensar en la siguiente campaña.

Temporada 1983/84, segunda y última de Maradona

El inicio de temporada en buenas condiciones de Diego fue aún más corto que en su primer año. Si allí durase hasta la fecha catorce sin ningún percance grave, esta vez sólo pudo disfrutar de tres jornadas completas. En esta ocasión no fue la mala fortuna de una enfermedad, sino que lo que le separaría de los terrenos de juego durante el primer tercio de la temporada y cortaría su progresión en seco sería el factor humano.

Si algo sufrió Maradona durante sus dos años en la liga española fueron los cercanos, durísimos y a veces brutales marcajes de los centrocampistas y defensores rivales

La grave lesión

Si algo sufrió Maradona durante sus dos años en la liga española fueron los cercanos, durísimos y a veces brutales marcajes de los centrocampistas y defensores rivales. Su superioridad técnica e inteligencia táctica era tal que los entrenadores no podían más que urdir similares y primitivos planes para frenarlo, ciñéndose la mayoría de ellos a emparejarlo durante los noventa minutos con el futbolistas más duro del que dispusieran e intentar que no recibiera la pelota. Como Diego se las ingeniaba con su continua movilidad para hacerse con el balón, el siguiente objetivo del adversario se reducía a evitar de cualquier modo que el 10 llegara a su marco, lo que se traducía en pararlo con faltas, que muchas veces adoptaban el oscuro cariz de intencionadas agresiones.

Migueli y Maradona lesionado (foto:mundodeportivo)
Migueli y Maradona lesionado (foto:mundodeportivo)

La cuarta fecha del campeonato midió al FC Barcelona contra el vigente campeón, el Athletic de Bilbao. Menotti contra su antítesis futbolística; el juego rocoso y efectivo de Javier Clemente. Era el 24 de septiembre de 1983 y el partido se disputaría en el Camp Nou. El FC Barcelona dominó el partido de principio a fin, al cual se llegaría con una goleada, 4-0. Un Maradona estelar; hasta que llegó el minuto 57. Superado por las circunstancias uno de los defensores más voraces del campeonato, quien ya lesionara la pasada campaña a Schuster y lo dejase fuera de juego durante un año, Andoni Goikoetxea, volvió a ser trágico protagonista.

Maradona recibió el esférico en el centro del campo y antes de dominarlo, en pleno movimiento, sintió crujir su tobillo izquierdo, como posteriormente diría “como una tabla rompiéndose“, al contacto de la bota del jugador vasco. Por la espalda, sin el balón cerca, Andoni intentó detener la embestida del 10 y lo mandó a la enfermería. La acción fue sancionada con tarjeta amarilla.

Con la crispación generada y con los aficionados y futbolistas azulgranas pidiendo explicaciones al árbitro sobre la poca sanción con la que se castigó tan duro acto, el central azulgrana Migueli se acercó a Maradona, estando éste en el suelo doliéndose, para intentar que continuase. “No, Miguel, me rompió todo”, fue la respuesta del argentino.

Las posteriores pruebas médicas no harían más que confirmar los peores presagios: “Fractura del maleolo peronal del tobillo izquierdo, arrancamiento y desgarro del ligamento lateral interno”. Lo que en idioma común se traducía en que el tobillo de la mejor pierna izquierda del mundo había quedado destrozado, y el mejor futbolistas de la historia quedaría apartado durante no menos de tres meses de las canchas.

Las declaraciones y protestas no se hicieron esperar. Josep Lluis Núñez fue duro: “Se repite la misma historia. Deberían sancionar a Goikoetxea hasta que Diego vuelva”, en relación a la lesión que ocasionó a Schuster un año antes. Tras el visionado de imágenes la sanción final al central ascendió a 18 partidos. Ejemplarizante.

Ausencia y regreso

La variante táctica de Menotti para suplir a la estrella fue formar un ataque de tres hombres ofensivos puros, colocando a Quini y abriendo a Marcos y Carrasco, los ya titulares. Los resultados fueron inestables, no logrando dominar la Liga pero conquistando la Supercopa de España contra el Athletic de Bilbao en ausencia del crack argentino. El segundo partido se disputó en el Camp Nou el 26 de octubre y pese a perder por un gol a cero valió el 1-3 cosechado en la ida.

Ocho victorias, cinco empates y cuatro derrotas fue el balance de resultados en la ausencia del argentino. El 22 de octubre de 1983 se perdió el primero de los partidos ligueros contra el Real Madrid, sin Maradona. 1-2 fue el resultado final.

Preparado para saltar (foto:ronaldo7)
Preparado para saltar (foto:ronaldo7)

La vuelta a los terrenos de juego se produjo el 8 de enero de 1984. Lo hizo por la puerta grande, contribuyendo con dos goles a la victoria contra el Sevilla como locales por tres goles a uno.

El segundo clásico fue el primero que ganó el Real Madrid habiendo estado el argentino sobre el césped. 2-1 final en el Santiago Bernabeu, haciendo inútil el tanto marcado por el ídolo.

Tras caer en Europa contra el Machester United, que conseguiría remontar en la vuelta el 2-0 que el FC Barcelona le había endosado en la ida volteándolo con una contundente victoria por tres goles a cero, el FC Barcelona encaraba el final del campeonato liguero, y la Copa del Rey como principal objetivo.

Contra United (foto:sport)
Contra United (foto:sport)

La Liga finalizó de similar manera que la anterior, con el Atheltic de Clemente victorioso y los de Menotti a la zaga, en el tercer puesto. 16 partidos disputados y 11 goles serían los número cosechados por Maradona en el torneo.

Final de Copa del Rey con triste despedida

Tras derrotar a Las Palmas en la tanda de penaltis de la semifinal, los barcelonistas se medirían nuevamente a los vascos de Clemente, en el Santiago Bernabeu. El encuentro se llevaría a cabo el 5 de mayo de 1984. Lamentablemente ésa sería la última fecha en que Maradona se enfundaría la elástica azulgrana, esfumándose así la ilusión de los miles de aficionados del FC Barcelona y el disfrute de todo el seguidor de la liga española.

Con los antecedentes cercanos, el enfrentamiento llegaba cargado de tensión. Entrenadores y futbolistas no hicieron más que aumentar la ansiedad con declaraciones en las ruedas de prensa previas al partido. Maradona atacó diciendo que de no vencer ellos preferiría que hubiese ganado el Madrid, por el bien del fútbol. A lo que, temiéndose lo incontrolable, el presidente blanquirojo contestó que si el argentino seguía ofendiendo así no sabría lo que pudiera pasar en el partido.

Una vez metidos en harina, las malas previsiones fueron acertadas. Durante los noventa minutos las entradas duras, faltas de respeto o interrupciones, perjudicaron el espectáculo. El Atheltic de Bilbao por medio de Endika acabaría anotando el único gol del partido, que les permitiría alzar la copa. A la conclusión, aún sobre el verde, se producirían uno de los más tristes y lamentables hechos recordados en un terreno de juego durante la historia del fútbol español. En ellos Diego Maradona fue actor principal. Impotente por el resultado y su insuficiencia en el partido, tras el pitido final Maradona propinó una fuerte patada en el rostro del jugador bilbaíno Sola, tan intencionada y violenta que desencadenaría una batalla campal en breves minutos. Componentes de ambas plantillas se enzarzaron en una trifulca intercambiándose golpes sin medir intensidad ni fijar más objetivos que el color de la equipación. La presencia del Rey de España Don Juan Carlos I en el palco, aumentaría la indecencia y desconsideración, sumando al acto vandálico contra el propio deporte, una ofensa a la nación.

En la pelea (foto:rasdehierba)
En la pelea (foto:rasdehierba)

La prensa castigó con justicia tales actos y las sanciones se acumularon. Ése sería, para desgracia de todos, el último recuerdo que dejaría el Pelusa en su primera experiencia española, enturbiando con ello las grandes tardes de fútbol que ofreció. La sanción federativa ascendió a tres meses para los implicados, Migueli, Clos, Goikoetxea, Sarabia, De Andrés y el propio Maradona. Como principal figura de la entidad, Diego fue días después a la Zarzuela, donde presentó sus excusas ante el Rey por tan deleznables hechos, en nombre del club y suyo propio.

El verano de ese año 1984 tornó gris. Las horas de Maradona parecían contadas y todo visto para sentencia. El propio jugador comenzó a exigir una solución, una salida. Sorprendentemente el club más interesado fue el Nápoles del Calcio. La directiva intentó una renegociación con el argentino, pero ante sus exigencias se abrieron conversaciones con el club italiano, que se alargaron a lo largo de todo el verano… Después de tres meses el cuento pareció llegar a su final. La sanción que pesaba sobre él acabó el primero de junio de 1984, pero para esa fecha el acuerdo de salida parecía hecho. El 30 de junio de 1984, a bordo de una embarcación atestada de intermediarios y directivos, a modo festivo, Maradona firmaba el contrato que le uniría al Nápoles para los próximos años.

“Muy a mi pesar, Maradona se va”. Josep Lluis Núñez habló de la venta, justificándola con el disgusto del jugador con la entidad y su exigencia por abandonarlo.

Con el Nápoles (foto:pinterest)
Con el Nápoles (foto:pinterest)

Maradona: “Lo mejor era irme”. La salida del 10 fue acompañada en el mismo período estival con la del entrenador. Los objetivos planteados no fueron conseguidos, por lo que Menotti dejó de ser el técnico azulgrana, cuyo banquillo ocupó el ingles Terry Venables.

” Cuando fiché estaba muy feliz de dirigir a Maradona, pero el primer día se acercó el presidente y me dijo que había que venderlo porque el jugador estaba en la quiebra. Mi primer trabajo fue vender a Maradona”. Venables se lamentaba por no poder dirigir al mejor futbolista de la historia.

En Barcelona dejó grandes momentos. Su rendimiento final estuvo sesgado por las sanciones y las lesiones, pero cuando pudo pisar el campo libremente demostró su categoría, lo que podía llegar a ser y posteriormente fue. 58 partidos y 38 goles,  los números de sus dos años. Su posterior vida y obra en el Nápoles y la Selección Argentina ya lo conocemos, es quizá el mayor relato de alegrías, tragedias, éxitos y fracasos de la historia de este deporte. La figura de Maradona en sí misma, es Historia.

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