A nivel deportivo puedo decir que empecé muy bien, trabajando con ganas y dedicación plena ya que era semi-profesional y mis ingresos eran algo más importantes.

Entrenamientos intensos, partidos de pretemporada y una liga y copa del rey a las puertas. Trataba de ponerme a punto lo mejor posible para hacerme un hueco en el grupo y volver a sentirme importante. La verdad es que en el transcurso de la pretemporada me veía con muchas opciones de ser titular en aquel equipo, ya que enseguida me adapté de nuevo a aquel entorno famoso del que hablé en su día, y que tan importante es en un club como este.

En Copa del Rey, empecé de titular en los primeros partidos, no así en la liga, donde en el primer partido apenas disputé unos minutos, situación que no me molestó del todo, ya que era una plantilla amplia y todavía estaba por definir un once tipo.

Pero a medida que transcurría la liga, mis oportunidades semanales de jugar empezaron a ser escasas y a veces casi nulas. El míster dejó de contar conmigo en numerosas ocasiones, a pesar de que mi rendimiento era y había sido bueno en los partidos que había disputado.

Incluso empezó a dejarme fuera de las convocatorias con cierta frecuencia. Situación que ya empezó a preocuparme, al ver como compañeros míos que estaban haciendo la mili en los cuarteles del Bruch y Lepanto en Barcelona, eran convocados e incluso llegaban a jugar de inicio con apenas un par de entrenos por semana.

Adiós al Barça

El fantasma del pasado parecía estar haciendo acto de presencia otra vez en mi día a día como futbolista, en ese año tan determinante. Por un lado, intentaba borrar de mi mente amargos recuerdos de años anteriores, donde tanto cambio me llego a desconcertar un poco; y por otro lado tenía la sensación de agotamiento, al tener que remar siempre a contracorriente y continuar peleando contra molinos de viento. Esta vez no sabía cómo revertir tan amarga situación.

Antes del parón navideño, tomé la decisión de hablar con el entrenador para comunicarle mi decisión de abandonar el club, pidiéndole que me concedieran la baja, y poder buscar otra alternativa a mi situación y poder seguir jugando, a lo que el míster me contestó: no te puedes marchar, ya que eres un jugador importante en el equipo y tu oportunidad de jugar llegará.

Pero antes las pocas oportunidades le contesté que hacía semanas que no iba convocado, o apenas jugaba 10 minutos, y que incluso tenía que soportar que jugadores que casi no entrenaban con el equipo jugaban antes que yo. Costas me quiso tranquilizar diciéndome que a partir de entonces jugaría más a menudo, que siguiera entrenando como lo estaba haciendo y que continuara en el equipo. Creí que sus palabras eran sinceras y honestas.

Así que quise confiar en él y accedí a terminar la temporada, pero solo cambió un par de jornadas. Luego, vuelta a las andadas.

Llegué a tener tal desilusión que sinceramente ya me daba un poco igual todo, si jugaba o no. Me limitaba a entrenar lo mejor posible, a no ser un jugador conflictivo y a dejar pasar los meses esperando esta vez sí, mi inminente marcha del club, algo que casi deseaba a toda costa. Además mi relación con aquel entrenador era casi nula, ya que no cruzábamos palabra. Aquellos últimos meses en Can Barça, se me hicieron eternos. Tenía prácticamente los dos pies fuera del club.

Creo que deberían faltar pocas semanas para acabar la temporada, cuando en la edición del diario ¨Mundo Deportivo¨ salió publicada una lista de posibles bajas de aquel amateur, en la que como no, aparecía mi nombre y el de otros compañeros.

Me había enterado de la noticia por la prensa y no de boca de mi entrenador, ni alguna otra persona del club, algo que no me extrañó en absoluto, por la manera en que trataban a los jugadores poco importantes por llamarlo de alguna manera.

En uno de los últimos entrenamientos, Quique Costas me comunica que no continuaré el año próximo, a lo que yo le respondíGracias por todo lo que me has puteado y por haberme engañado con tus palabras,. Espero que estés orgulloso. Casi habría sido mejor no hacerme volver después de la mili”. Él ni respondió. Se limitó a llamar a otro de mis compañeros para darle la misma noticia que a mí. Hubo quien perdió los nervios, creando un clima de tensión y nerviosismo que podría haber derivado en algo peor si no llegamos a intermediar con rapidez.

Esta vez sí, quedaba desvinculado definitivamente del Barça después de seis años, dejando atrás una etapa muy importante de mi vida, de ilusiones que se desvanecían, sensaciones únicas y difíciles de describir.

Fuente : http://lajugadafinanciera.com/

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