El deseado campeonato de liga empezó el día 31 de agosto, sábado, no con el debut deseado en la nueva categoría, resultado adverso 1-0 contra el Cristinenc-Espanyol. Un conjunto por aquel entonces filial del equipo perico y dirigido por el que años después sería entrenador del primer equipo blanquiazul Paco Flores.

Un resultado negativo pero con efecto balsámico, ya que nos empezaría a dejar claro desde bien pronto, que la tercera división no iba a ser un paseo triunfal como hasta entonces. La adaptación a la nueva situación debería ser lo más rápida posible, si queríamos seguir escalando categorías en el futbol español.

Las apuestas que siempre se hacen al principio de temporada de que equipos parten como candidatos, nos colocaban por lo menos como aspirantes al temido y deseado playoff de ascenso de categoría. Aunque hay que reconocer que nuestro míster siempre confiado en la calidad de sus jugadores y en las posibilidades de nuestro equipo nos había hablado de ello como objetivo marcado esta temporada.

La difícil y obligada adaptación aunque suene extraño nos duró una semana. A partir de aquella derrota los siguientes 12 partidos fueron 9 victorias y dos derrotas, lo que nos permitió ocupar el liderato de la tercera división en la jornada 12.

Toni Garcia Copa Generalitat Premia

Nuestro debut en casa lo saldamos con un claro y contundente 4-0 ante el histórico CD Europa, club que cada año aspiraba a conseguir el ascenso y que siempre se quedaba a las puertas. Nuestro despliegue de fútbol de ataque y buen juego empezaba a enseñar a nuestros rivales cuales serían nuestras intenciones esa temporada y que éramos unos firmes candidatos al título.

Al mismo tiempo, se creó una espacie de vox populi acerca de cómo éramos como equipo, cualidades individuales técnicas y nuestra manera de enfocar los partidos que hacía que los rivales tomaran las máximas precauciones a la hora de enfocar sus enfrentamientos contra nosotros. Incluso recuerdo a entrenadores rivales en la grada del municipal de Premia viendo nuestras sesiones.

Yo me sentía como pez en el agua y cada vez más identificado con ese club. Consciente de mi grado de participación importante y de mi peso específico dentro del grupo, me sentía un jugador importante y valorado en todos los sentidos. Y todo ello me motivaba cada día para superarme más.

Las semanas transcurrían muy deprisa entre entrenamientos cargados de intensidad y entusiasmo y donde era tal el alto grado de competencia que hacía difícil averiguar cuál sería el once titular y quienes serían los jugadores descartados.

Incluso hacíamos sesiones los sábados por la mañana aunque solo fuéramos a hacer un partidito de pachanga y un desayuno posterior, algo que le encantaba a nuestro entrenador y denotaba que a sus ojos éramos lo más parecido a futbolistas profesionales.

Todo esfuerzo físico valía la pena después de una semana tras otra de nuestros empleos y de particulares e intensas sesiones de entrenamiento. Cuando la ilusión por conseguir un objetivo y sobre todo lo mucho que disfrutábamos te invaden no hay agotamiento capaz de pararte.

Nuestra sintonía con Corominas era casi total, aunque muchas veces no sabíamos muy bien por dónde cogerlo. Por aquel entonces al famoso clan de las rozas se nos relacionaba mucho con sus ideas futbolísticas, aspecto que nos pudo ocasionar algún que otro problemilla con el otro sector del equipo no tan afín a esas ideas.

Se crearon casi sin querer y más por afinidad y carácter dos grupitos o mejor dicho tres; por un lado los más cercanos al míster, formado por el clan de las rozas y jugadores jóvenes y juveniles que gracias a nuestro buen ambiente y maneras de ser se sentían más amparados e identificados; por otro lado los más veteranos y de carácter más agrio y cuyas armas eran un poco la de imponer sus ideas por encima de lo demás; y el tercer grupo que eran aquellos que no sabían muy bien por quien decantarse y que se mantenían un poco al margen de movidas o discusiones. Ese coctel de liderazgos provocó algún que otro enfrentamiento controlado en todo momento por coro que supo manejar la situación con maestría y mano izquierda.

Anécdotas tengo para no parar de contar y no sabría cual más divertida o peculiar por no decir estrambótica. El míster era un tanto aficionado a darte ultimátum en los partidos que salías un poco empanado de inicio, aspecto que ponía de los nervios a Corominas. No le temblaba el pulso a la hora de cambiarte a los 5 minutos de empezar el partido si tus tres o cuatro acciones iniciales no eran demasiado afortunadas o positivas para el devenir del partido. Cuando te tocaba jugar por la banda del banquillo, sentías prácticamente su aliento pegado a ti a cada contacto con el balón, cada latido de tu corazón era acompañado de un latido del suyo, el tiempo se detenía. Su cara no tenía desperdicio, desencajada cada vez que cometías un fallo, acompañada de comentarios hacia los compañeros de banquillo que no sabían dónde meterse o como ocultar sus tímidas carcajadas y que pensaban lo que les podía ocurrir a ellos si salían al campo y cometían un fallo similar. Ahora me río de eso pero entonces volaban cuchillos si eras uno de los afectados, Dios mío que tensión se vivía.

He de reconocer que a veces te gustaba estar en el banquillo para verlo en acción y vivir los partidos desde esa perspectiva, aunque fuera a costa de la desgracia de un compañero.

Pero si he de destacar una, fue la que ocurrió en campo del Roda de Barà, en un partido entre semana de Copa Generalitat. Corría el minuto 60, más o menos, íbamos empatados a cero y el partido no era el agrado del míster, quien manda a calentar a mi amigo Lupi para darle más mordiente al ataque. A los cinco minutos lo hace entrar de media punta, de enganche con la delantera. Muy motivado, Lupi entró y no sabemos si por confusión o por iniciativa propia y un par de cojones va y se colocó de extremo pegado a banda, todo chulo él. A Corominas se lo llevaban los demonios. Yo estaba en el banquillo, con mi otro amigo Suso, comiendo pipas, y no sabíamos dónde meternos para que el míster no nos viera reírnos de la situación. Después de que Coro se hartara de corregir a Lupi, puso a calentar a otro compañero y en cinco minutos pidió el cambio. Imaginaos a quien cambió, a mi amigo Lupi, que incrédulo por la situación no se podía creer que era él el sustituido con tan solo 5 minutos escasos de participación, salió con un mosqueo increíble a la par que el míster le recriminaba su falta de atención.

Aún hoy no hay cena en la que no nos reímos de aquella anécdota, cosas del gran Corominas.

Pero volvamos a la temporada, recuerdo también con cariño la eliminatoria de Copa Generalitat que disputamos contra el Dream Team de Johan Cruyff y mi estimado Rexach, entrenador que me fichó para el Barça. Jugamos en campo del Vilassar de Mar ya que disponía de césped artificial, 20 días antes de que se proclamaran campeones de Europa contra la Sampdoria en Wembley. Por el Barça jugaron Laudrup, Salinas, Baquero, Guardiola, Goicoechea, Stoichkov o Amor y al que plantamos cara a pesar del 5-0 encajado ante 4000 personas. Johan nos felicitó personalmente por nuestra manera de jugar y por la valentía mostrada por Corominas a la hora de plantear el encuentro.

Acabamos la liga en cuarta posición merecida por detrás de Gramanet (campeón), Balaguer y Júpiter, después de una recta final de temporada emocionante y disputada. El deseado y temido playoff nos esperaba. Hablo de temido porque nunca sabías lo que te podías encontrar a niveles de equipos con mayor potencial que tu o arbitrajes más que polémicos y discutidos como solía ser el caso.

Valencia, Águilas y At Baleares serían nuestros rivales en la carrera por el ansiado ascenso, uno más en la historia de aquel modesto equipo y que podía suponer el quinto consecutivo.

Tras un playoff magnifico, donde nos plantamos en la doble confrontación con el Valencia dependiendo de nosotros mismos, caímos derrotados en casa por un 1-2 dándole a nuestro rival el ascenso de categoría.

El partido de vuelta fue puro trámite y salimos derrotados de Mestalla por 5 a 0. No tuvimos opción en la fiesta valencianista por su merecido ascenso. Solo ellos fueron mejor equipo que nosotros. El ansiado y anhelado final deseado tendría que esperar por lo menos una temporada más.

Fuente : http://lajugadafinanciera.com/

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