Tras el ascenso de categoría, y las discrepancias entre junta directiva y el entrenador, hubo un cambio en la política deportiva, acompañado de un relevo en el banquillo, que supuso mi marcha del club.

Desencanto, decepción, hundimiento emocional, rabia, asco eran las sensaciones que me atenazaban por la situación que estaba viviendo. Después de haber conseguido un logro personal y volver a sentirme de nuevo un futbolista vivo y con aspiraciones, caía dentro de un agujero negro del que esta vez me resultaría difícil salir.

En esta ocasión era yo el que había dejado de creer en este deporte que tan lejos me había llevado y que tan bajo me había dejado. Demasiada penitencia.

Despreciado e insultado por los que hacía apenas dos meses me daban palmaditas en la espalda alabando mis cualidades. Pero como ya es sabido, el fútbol no tiene memoria y solo el paso del tiempo te coloca en el lugar donde debes estar.

Así que tras tan amarga decepción, pero con la enorme satisfacción del deber cumplido, creí al menos que mi trayectoria en Premià y sobre todo, mi gran promoción de ascenso disputada, me colocarían en una posición privilegiada a la hora de tener alguna que otra oferta interesante para poder continuar jugando a cierto nivel.

Digamos que era la única chispa que me mantenía vivo y con cierto interés para no abandonar este camino lleno de espinas.

Las semanas y los meses se sucedían, en aquel triste otoño del 93, y ni un solo equipo se interesó por mis servicios. Raro, ¿no? a pesar de que yo, me las prometía muy felices al respecto.

Parecía increíble que nadie mostrara interés por un jugador como yo. Aspecto que me empezó a preocupar bastante. Aunque hace pocas fechas un ex compañero muy ligado al club por aquella época, me reveló que al parecer, en Premiá, había como una especie de cláusula fantasma y no oficial que hacía imposible que cualquier tipo de oferta por algunos de los jugadores claves del club, llegara a nuestro conocimiento.

Digámoslo finamente así, en la entidad sabían del potencial de sus jugadores y temían por la fuga de alguno de nosotros ante una mayor propuesta deportiva y económica. Entre unos y otros se bastaban para dar hermetismo total a cualquier filtración posible y así mantener a su preciado rebaño lejos de los lobos.

Pero sigamos con mi futuro en los terrenos de juego. A finales de noviembre, un ex compañero del Premià, me llama y me ofrece ir a entrenar con él a su equipo, CF Milán-Gramanet de 1ª catalana, de la ciudad de Santa Coloma de Gramanet.

Lógicamente, era mejor entrenar en un equipo que entrenar solo y acepté su oferta o mejor dicho, la única que tenía, fichando por este club hasta final de temporada y recuperando un poco el ritmo de competición perdido.

De esta manera tan triste terminé la temporada 93-94. Podía haber sido la de mi consagración como futbolista renacido y maduro, y acabó siendo una de las más penosas de mi vida como jugador o al menos eso pensé yo en aquel momento.

Pero paradójicamente en el fútbol mientras hay vida hay esperanza para bien y para mal y yo sabía a ciencia cierta que, hasta el día de mi retirada definitiva, esta sería la tónica habitual. Sólo cambiaría el escenario y los actores que me iría encontrando en este mundo de farándula y actores secundarios. Era muy consciente de ello, y de que había entrado de lleno en un mundo que años atrás odiaba y al que juré nunca pertenecer.

Terminó la temporada y llegaron las vacaciones, y en mi cabeza la idea de retirarme con tan solo 26 años empezó a darme la lata día tras día.

Pegados a mí continuamente, como si formaran parte de mi cuerpo, un ángel y un demonio, a cual más pesados y persuasivos, me intentaban convencer de cuál era la mejor decisión a tomar.

De nuevo en mi vida era tal la desilusión y desidia que la sombra de la temida retirada planeaba cada vez más cerca de mi confusa cabeza. Pero supongo que ese niño que siempre he llevado dentro y que afloraba de tanto en tanto, y que me enseñó a pelear por las cosas, era el que tiraba de mí y me recordaba una y otra vez, porqué y para que empezó toda aquella aventura, que esa no podía ser la mejor manera de poner punto y final a tantos años de sacrificio y esfuerzo.

Pero cuando empiezas a tener la sensación de ser un trapo usado es muy difícil retomar la ilusión.

Casi deseaba en mi interior que nadie me llamara para la temporada siguiente, y así tener una cobarde y mezquina excusa para dejarlo definitivamente, y por fin, y esta vez de verdad, tirar la toalla ante tremendo caos.

Quizás habría merecido otro final más digno e incluso un más que merecido homenaje, pero la realidad era la que era y no tenía fuerzas para volver a empezar con duros entrenamientos y partidos de fines de semana en los que levantarme para ir a jugar me suponían un tremendo esfuerzo mental y psicológico.

Estaba abatido y totalmente desconectado del futbol, y pensando en que haría a partir de entonces para poder llenar el tremendo vacío que el futbol había dejado en mí.

Pero una llamada de teléfono a mediados del mes de julio de alguien que me conocía muy bien hizo que mi intento de retirada quedara solo en eso…..en un intento.

Fuente : http://lajugadafinanciera.com/

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