Se cierran puertas en el fútbol, pero se abren otras: nuevos retos.

LaJugadaFinanciera

Llegó agosto de 1995, y con él unas vacaciones de verano más que merecidas. Creo que eran las primeras que podía disfrutar enteras, ya que las pretemporadas con todos mis anteriores clubs desde los 15 años, me habían tenido muy atado a calendarios y no podías realizarlas con tiempo suficiente para saborearlas al máximo y con tranquilidad, como la de cometer pecados alimenticios, sin miedo a las temidas básculas que te ponían en jaque, si te habías pasado con los helados.

La verdad es que en mi retiro estival de Menorca aquel año, no esperaba ninguna llamada de nadie del mundillo, pero si recibí una de aquel viejo conocido intermediario del que os hablé con anterioridad.

Me comentó que un equipo de cerca de Gerona, estaba interesado en mi. Se trataba del Vidreres CF, de categoría preferente. Me informó de cuánto podrían pagarme, y de que si fichaba por el equipo debía acudir a dos días de entrenamientos po semana y a los partidos. Me pareció una buena oportunidad de obtener unos ingresos extras. Estaba con preparativos de mi boda, a un año vista, y merecía ese esfuerzo más que justificado. Aunque mi cabeza ya estaba en otras cosas. Apenas tenía ganas de una nueva aventura donde podía pasar de todo, y más si el equipo no funcionaba, tónica habitual en estas categorías.

Pero a base de golpes uno aprende y acepté solo si me pagaban por adelantado la mitad de lo pactado, propuesta que aceptaron sin problemas. Así que decidí ir a Vidreres, sin demasiadas expectativas sobre mi futuro allí.

Y como el diablo, sabe mas por viejo que por diablo, así fue. En los tres meses que permanecí allí no ganamos ni un solo partido. Creo recordar que empatamos tres o cuatro, éramos los últimos clasificados de la tabla, tan solo 8 o 10 jugadores acudían a los entrenos y a veces ni eso… no tenía pinta de que la situación fuera a mejorar.

Además, a nivel de equipo era un desastre. Incluso el entrenador me pidió a mí en varias ocasiones que hiciera yo el equipo tirando de experiencia. Sólo era cuestión de tiempo que saliéra de allí de la mejor manera posible y sin que me pidieran devolver lo cobrado.

En esa tesitura supe realmente que se había acabado definitivamente mi etapa de jugador. De esa manera tan triste y sin hacer ruido, acabaron mis días como futbolista de competición.

Le comuniqué a la directiva que abandonaba el club, ante la falta de seriedad y compromiso por su parte. Me hablaron del anticipo económico que recibí, pero ya estaba más que gastado. Me amenazaron con no darme la baja del club, algo que básicamente me daba igual, ya que mi intención era dejar de jugar definitivamente. Finalmente ahí quedo todo, yo había cumplido mi pacto hasta entonces: ellos no podían decir lo mismo.

Pero algo muy positivo para mí estaba empezando a suceder. Cosas del azar o circunstancias de la vida, dirían algunos.

Conmigo subían dos compañeros de Barcelona, que también como yo, habían pasado por numerosos equipos con diferente fortuna: Miguel Fernández y Juan Gomila, dos tipos estupendos y cachondos y por supuesto buenos peloteros, que hacían mas llevaderas las excursiones que nos suponían subir hasta Vidreres.

Me centraré en Miguel o “Micki” para los amigos, al que ya conocía de mi etapa en el FC Barcelona en las categorías inferiores. En una de las muchas conversaciones que teníamos en el trayecto, me habló por primera vez de la Escuela Deportiva Brafa, cuyas siglas significaban (básquet, remo, atletismo, fútbol, alpinismo), fundación del Opus Dei, donde él llevaba tiempo ejerciendo de entrenador-formador de futbolistas jóvenes. Era, y es porque aún sigue existiendo. una entidad deportiva barcelonesa, situada en el distrito de Nou Barris y que promueve educar a través del deporte, junto con otros valores importantes y básicos para la educación y desarrollo de los jóvenes.

Me ofreció ir con él durante unos días a conocer aquello y entrenar con sus chavales. Pensaba que alguien como yo, con mi carácter, formación y experiencia deportiva y sobre todo por mi amor incondicional al mundo del fútbol, podía encajar a la perfección en un lugar como Brafa y enseñar mucho de lo vivido a los alumnos de aquella escuela deportiva.

A primeros de octubre del 95, pisé por primera vez aquel magnifico lugar, que cambio por completo mi vida deportiva a partir de entonces.

En mi etapa formativa en Badía del Vallés, ya había hecho mis primeros pinitos como entrenador de peques, en unas ligas internas con nombres de equipos del Calcio italiano. Yo dirigía al mítico Fiorentina donde ya estaba mi hermano pequeño David.Tenía entonces 13 ó 14 años. Pero fue una aventura que dejé apartada tras mi fichaje por el Barça y la falta de tiempo para ello.

toni entrenador

Primer equipo que dirigí con 13 años ¨la Fiore”,  con mi hermano David en el centro, en la fila de abajo.

La verdad es que me sentí muy motivado con esta nueva faceta deportiva. Parecía una alternativa perfecta para seguir vinculado al fútbol de manera activa. Con 27 años, tenía la oportunidad de volver a entrenar a chavales en una institución modélica cerca de mi casa.

Mi primera impresión de Brafa, fue impactante. Quedé alucinado de las instalaciones que tenían, su extensión y el estado de las mismas, así como del nivel de limpieza de cada uno de sus rincones. Me recordó a un centro de alto rendimiento deportivo donde se cuida hasta el mas mínimo detalle.

A nivel humano, me acogieron con los brazos abiertos. Cualquier ayuda era poca tanto por parte de entrenadores y directores del centro .

Allí conocí a Cesar Frattarola, director técnico y máximo responsable de área deportiva, que me puso al día de la filosofía Brafa y de lo que se le pedía a los entrenadores. También a Antonio Villanúa, jefe de pedagogía y responsable del área educativa.

Mi andadura empezó en Brafa en octubre del 95, ayudando a mi amigo Micki en el infantil A de la entidad. Estaba muy ilusionado en mi nuevo reto y deseando que llegara el día del entrenamiento. La verdad es que aquello me dio la vida a nivel deportivo.

En el mes de enero del 96 y ante la cantidad de alumnos que tenían, se creó otro infantil, y pasé a ser su entrenador oficial.

Desde el primer momento, tuve claro que todas las vivencias personales que había tenido en mi carrera como deportista me ayudarían en la formación de estos chicos sedientos de aprender todo lo que yo les pudiera modestamente ofrecer.

Fuente : http://lajugadafinanciera.com/

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