Poder expresar en estas líneas lo que Charly significó para mí y la gran influencia que tuvo sobre mi carrera como futbolista, o proyecto de ello, es muy sencillo, a la vez que emotivo y gratificante. Cualquiera que lo conozca de verdad, sabe de su enorme trato humano, sencillez, educación, sentido del humor y tacto con los que en aquella época, éramos sus discípulos más aventajados o ‘sus niños’ como el solía llamarnos en petit comité. Sin olvidarnos de su enorme intuición en la detección de talentos y su trascendente firma de Leo Messi sobre una simple servilleta de bar.

La primera vez que vi en persona a Charly yo tenía 10 años. Hasta entonces, solo lo veía en la televisión, en los resúmenes de los partidos o en los cromos de la liga de fútbol con los cuales jugábamos todas las tardes al salir del cole, antes de ir a entrenar.

Fue en un partido del Barça en el Camp Nou, contra el Sporting de Gijón, ya que nuestro club, el Ciudad Badia, nos había obsequiado con entradas para acudir al estadio ese día. Estaban situadas casi a pie de campo y justo detrás del antiguo foso que rodeaba el terreno de juego.

Como ya sabréis, Charly jugaba de extremo derecho con el número ‘7’ a la espalda y me llamó especialmente la atención su elegancia a la hora de conducir el balón y su facilidad de regate, sus centros perfectos y medidos a la cabeza de su entonces compañero Johan Cruyff, conocido como ‘el holandés volador’.

rexach cruyff

Daba la sensación de que flotaba sobre el césped de aquel majestuoso estadio. Coincidía además que mi número preferido siempre fue el ‘7’, que era justo el que él llevaba siempre.

Hasta aquí todo bien. Pero había una pequeña contrariedad en esto. Yo era por aquel entonces rematadamente merengue, o sea madridista declarado. Sí han leído bien, todos tenemos un pasado, y mi jugador preferido del equipo blanco era un alemán llamado Uli Stielike, que lucía el número ‘4’ en su camiseta.

Pasaron 4 años hasta que volví a ver a Rexach en persona. Pero esta vez la situación fue bien distinta. Yo seguía siendo madridista, eso no cambió, pero él ya no estaba en activo y hacía poco, había empezado su más que exitosa carrera como entrenador de fútbol base. Además, se convertiría en mi futuro entrenador en la selección catalana de fútbol, ¡qué puntazo!, ¿no?.

Algo alucinante para un chaval de barrio y además del Real Madrid.

Charly lo sabía y aprovechaba momentos de broma para recordármelo en tono cariñoso y cordial: ‘Garci, ¿de verdad eres del Madrid? Qué fenómeno, pero no lo digas muy alto, que vamos con Cataluña…’.

Desde el primer día con él percibí que le gustaba mucho mi manera de jugar y de interpretar el fútbol. Es más, era el estilo que el intentaba inculcar a todos los jugadores de sus equipos, con toques, triangulaciones constantes, amplitud de espacios, visión de juego y por encima de todo libertad para practicar tu juego. No ponía limitaciones a ningún jugador, aspecto para él básico e indispensable en la formación de los jóvenes futbolistas a su cargo.

toni garcia seleccion catalana y barça

Charly me aportó seguridad, confianza en mi juego y siempre contó conmigo, desde el primer día que me tuvo a sus órdenes, en momentos importantes, convirtiéndome en uno de sus jugadores preferidos y más destacados de aquella selección, junto a nuestro capitán y abanderado Eduardo Vílchez, que un año más tarde fichó por el Real Madrid.

Acabamos la aventura de la selección catalana y no dudó ni un sólo instante en llevarme con él al Juvenil B del Barça, nuevo destino para ambos. Para mí supuso un gran apoyo poder continuar con él como entrenador, en un club tan importante y que suponía tanta exigencia.

Él guió magistralmente mis inicios en Can Barça, con paciencia, comprensión y esa parte tan importante en cualquier jugador joven: confianza.

Rexach supo corregir mis defectos tácticos, potenciar mi aspecto físico y darme total libertad para que pudiera desarrollar el juego que él había visto en mí desde el primer día, para ponerlo al servicio del colectivo y hacerme disfrutar y crecer como jugador. Aunque mis inicios en el Barça estuvieron llenos de momentos de muchas dudas sobre mi verdadera identidad como futbolista y mi continuidad allí.

Así, hasta llegar al año de nuestra consagración como campeones de España juveniles, en mi tercera campaña en el club, en una semifinal apasionante contra el Athletic de Bilbao y en una final memorable contra el Real Madrid, qué casualidad, mi equipo de la infancia.

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Charly en este aspecto era un genio, consiguió con su maestría y habilidad, rodearse de auténticos peloteros, fieles a un estilo de juego atractivo a la vez que efectivo y vistoso, manteniendo a un grupo unido en busca de un objetivo común y sobre todo hacernos reír y sentirnos tranquilos con sus frases cargadas de ironía y dignas de admiración. Para eso era único, y me consta que a día de hoy sigue igual de cachondo y bromista como hace 30 años.

Creo sinceramente que si la carrera de Charly como entrenador hubiera estado ligada a la mía como jugador habría llegado más arriba. O al menos eso me comentó él en cierta ocasión años después, porque para un jugador no hay nada más importante que la confianza ciega de su entrenador. Charly apostaba por mí siempre, digamos que yo era un producto suyo, reflejo de sus ideas futbolísticas, por encima de presiones o críticas externas.

Charly, míster, fuiste para mí un referente en mi formación como futbolista y como persona, donde me apoyé en muchos momentos. Fue un orgullo y un placer haber estado a tus órdenes tantos partidos. Aprendí de tí cada minuto de mi estancia en Can Barça, pero por encima de todo tengo que agradecerte que confiaras en mí y me brindaras la oportunidad de vivir aquel maravilloso sueño, solo al alcance de unos pocos.

Recuerdo una conversación contigo, en el calentamiento del partido de Copa del Rey de juveniles contra el Athletic Club de Bilbao, donde me decías: ‘Garci, si conseguimos que mejores tu faceta defensiva, te ganarás la vida como futbolista, estoy casi seguro de ello’.

A punto estuvimos de lograrlo, ¿eh, míster?, pero aún sin haberlo hecho realidad, no cambiaría ni un solo instante de lo que vivimos en aquella maravillosa etapa.

Contigo en aquella primavera del 83 empezó todo y aún a día de hoy después de 30 años, te sigo admirando y teniendo presente en mi vida como deportista por todo lo que me enseñaste.

Ahora que me dedico a entrenar a jóvenes promesas del fútbol, en la escuela deportiva Brafa, y viendo sus caras de ilusión me acuerdo, como si el tiempo no hubiese pasado, de aquel niño que sentado en la tierra del campo de fútbol, te observaba y escuchaba con atención, soñando despierto con ser futbolista y que tuvo la suerte de tenerte como entrenador.

Fuente : http://lajugadafinanciera.com/

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